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1. Jóvenes y Trabajo en Ecuador

La panorámica trabajada en Ecuador no es diferente a la tónica latinoamericana. Se replican los mismos ejes temáticos; es decir, se contextualiza desde el desempleo, las inequidades en los salarios y mayor explotación, la estrecha vinculación entre el empleo y la educación, las relaciones de género y empleo, el empleo y la estabilidad económica, entre los prioritarios. También se aborda el tema de propuestas, políticas públicas y el derecho al trabajo.

En referencia específica a Ecuador, es necesario referir a una publicación en 1991, que incursiona con las temáticas que posteriormente cobran mayor envergadura. En tal perspectiva el estudio de Carlos Paladines conlleva análisis sobre la década de los 70 y, específicamente, situaciones desde 1984, elemento que lo vuelve pionero en la temática. El estudio, pese a centrarse prioritariamente en la educación, permite incursionar, de manera integral en la problemática juventud-trabajo. Paladines aborda en forma articulada la educación, el trabajo, el empleo, el desempleo, el subempleo, el trabajo informal, el trabajo mal remunerado, el trabajo inestable, entre los principales.

 

En la época de los 70, el proceso de modernización del país, acompañado de un espectacular crecimiento urbano y un significativo desarrollo económico por efecto de la riqueza petrolera, provocó el crecimiento de la demanda de personal con nuevas especialidades y mayores niveles de preparación y profesionalización. Se crearon nuevas universidades, se realizaron, para los servidores públicos, seminarios, congresos, jornadas, entre otros, .Como parte de la modernización del sistema productivo, se evidenció la necesidad de capacitar al sector público; así se crearon el Servicio de Capacitación del Magisterio Nacional, como también el Centro de Capacitación de INECEL, el SECAP, el Centro de Capitación de la Contraloría General del Estado, y el Instituto de Capacitación Municipal. (Paladines, 1991)

 

En 1984 el tema del empleo fue parte importante de la campaña presidencial del candidato social-cristiano, ante la crisis generalizada desde inicio de la época de los ochentas y prolongada a todo lo largo de los noventas. Durante el gobierno social demócrata de Rodrigo Borja, el contexto económico conllevó también problemas de subsistencia, de empleo y la concentración de los servicios básicos en las grandes urbes[1]. En cuanto al trabajo y la juventud, el acelerado crecimiento demográfico incrementó la población económicamente activa, que implicó principalmente a la población juvenil (Ibíd.).

 

La contribución de Carlos Paladines es, sin duda, una adecuada introducción en la temática juventud trabajo, ya que no solamente delinea los problemas y las prioridades de intervención, sino también que abre la necesidad de enfocar el contexto y la intervención en forma interconectada. De la revisión del texto de Carlos Paladines (1991), se puede deducir los siguientes objetivos:

 

Analizar la verdadera situación de los jóvenes y los principales problemas que enfrentan de cara al empleo, desempleo, y subempleo a fin de inducir y proponer un nuevo modelo de desarrollo capaz de dar respuestas a las demandas que tanto en el sector productivo como en el educativo se hacen presentes. (p3).

 

Desarrollar una investigación científica para dimensionar la complejidad del problema y detectar las principales falencias del sistema educativo. (p 5).

 

Proponer al menos algunos frentes con sus respectivos programas y proyectos específicos que permitan concretar soluciones, alternativas tendientes a reducir la brecha entre educación y empleo y a atender en mejor forma a los grupos sociales marginalizados. (p 16).

 

Sin desconocer el aporte de Carlos Paladines, la temática juventud trabajo conlleva mayores desarrollos para el período 1995-2005. Vale enfatizar que los jóvenes no son visualizados por diversas disciplinas, por esta razón se ha mencionado con justicia el aporte de Paladines como excepcional. Los indicadores sobre trabajo se relacionan más al mundo infantil. En referencia a la incursión en investigaciones sobre la temática, Betty Espinosa sostiene lo siguiente:

 

Esta preocupación por los jóvenes es más bien reciente, desde finales de los años 90, porque de hecho en los 80 y 90 el centro de atención bien fuerte eran los niños. Entonces no había mayores estudios sobre la etapa que va de los mayores de 12 años e, incluso, el trabajo infantil es una problemática que se trabaja también ahora, también se inicia a fines de los 90… La misma OIT empiezan a hacer investigaciones sobre el trabajo infantil, aproximadamente, a comienzos del 2000; estudios más sobre trabajo infantil en minas (Minería en oro) y trabajo en los basurales. Estos proyectos fueron realizados con financiamiento de la OIT o de la UNICEF y fueron llevados a cabo por Organizaciones no Gubernamentales. Los resultados de estas investigaciones promovieron propuestas sobre erradicación del trabajo infantil (B. Espinosa, entrevista personal, 7 de julio de 2012)

 

Previo al abordaje directo, en cuanto a la exposición y análisis de los datos trabajados en diversos aportes dentro del período de 1995-2005, es necesario detenerse en la información general sobre la juventud en el país, con el propósito de contar primeramente con un marco de referencia amplio, que facilite una mejor comprensión de los datos de trabajo y juventud.

 

Según un estudio de CEPAR, sobre la base del censo del año 2001, la población de 10 a 24 años representaban casi la tercera parte, un importante 30.8%. La población que se encontraba entre las edades de 10 a 19 años, constituían el 21.2%.En este año 1.628.018 ecuatorianos tenían entre 12 y 18 años; de ellos, el 56% eran pobres, 40% en las ciudades y 78% en el campo. Por su lado, los y las jóvenes entre los 18 y 29 años representan casi el 40% de la población total. (CEPAR, 2003).La mayoría de la población económicamente activa se encuentra en el grupo de edad comprendido entre los 20 y los 29 años, este grupo representa el 27.6% de la PEA.

 

Francisco Cevallos y Christian Cevallos (2005) colocan datos del SIISE, que contribuyen con los últimamente expuestos. Uno de cada cuatro ecuatorianos y ecuatorianas es joven; gran parte de esta población joven se encuentra entre 19 y 24 años. La mayoría de jóvenes se autodefine como mestizos. Las mujeres jóvenes representan el 51% y los hombres el 49%. (p.61). Existe una concentración mayor de jóvenes en los sectores urbanos: 63% versus el 37% que vive en el sector rural. (Ibid.64). El 18.3% de jóvenes se encuentra viviendo en unión libre, el 58% son solteros y el 21% casados. (Ibíd. 82)El 49.5% del total de mujeres jóvenes, comprendidas entre 15 y 29 años, son madres; esta cifra es mucho mayor entre las mujeres de 25 a 29 años, el 78.4%. En cambio, en la población femenina adolescente, comprendida entre 15 y 18 años, el 13.7% es madre. En todos los casos, los porcentajes de mujeres jóvenes que son madres son mayores en el área rural. La sexualidad en los sectores rurales, también da muestras de expresiones de recreación y resistencia acerca de los roles asignados históricamente a las mujeres, estos cambios están muchas veces aparejados por transformaciones económicas y culturales complejas. Si bien el modelo de familia sigue siendo patriarcal, cada vez más existe autonomía en la toma de decisiones en relación a su vida amorosa y de pareja, atribuible quizás al incremento de niveles de escolarización, acceso a información sobre salud sexual y reproductiva, y el fenómeno migratorio. (Ibid.83-84).

 

Dentro de la misma línea analítica, pero que articula la problematización del trabajo con las condiciones de pobreza y extrema pobreza en los escenarios urbano y rural, Francisco Cevallos y Chrystian Cevallos, concretan la articulación mencionada. Sobre la base de los datos clasificados en el Sistema Integrado de Indicadores Sociales del Ecuador, se propone la siguiente información: “la pobreza e inequidad representa la mayor forma de exclusión que afrontan los jóvenes en el Ecuador, 6 de cada 10 jóvenes son pobres en el país; en el campo esta cifra crece a 8 de cada 10”. (Ibid.74) Los cinco cantones con mayor porcentaje de jóvenes pobres son: Eloy Alfaro 97.28% y Río Verde 97.17% (Esmeraldas), Guamote 96.19% (Chimborazo), Urbina Jado 95.67% (Guayas) y Olmedo 94.1% Manabí. Así también los autores citados, amplían la exposición respecto de las poblaciones de pueblos y nacionalidades en el país.

 

Los jóvenes indígenas hombres y mujeres constituyen el sector poblacional en mayores condiciones de pobreza (85.9%), seguido por los afro ecuatorianos (66.2%), mestizos (58.0%) y blancos (45.1%). Es necesario considerar que sin importar la procedencia étnica, la pobreza en la juventud supera en todos los casos el 45% (Ibid.77).

 

Dentro de la misma perspectiva, los autores referenciados, establecen una conclusión respecto a las condiciones de pobreza y extrema pobreza de los jóvenes. En relación a datos del SIISE, seis de cada diez jóvenes en el Ecuador son pobres, tres de ellos viven en condiciones de extrema pobreza.[2] El mayor índice de pobreza extrema se encuentra en las poblaciones rurales y en los adolescentes entre 15 y 18 años, 31.2%. “La disparidad en la extrema pobreza significa que los cinco cantones con mayores porcentajes de extrema pobreza sean: Guamote 86.94% (Chimborazo), Taisha 77.31% (Morona Santiago), Olmedo 75.44% (Manabí), Espíndola 74.14% (Loja) y Colta 74.23% (Chimborazo)”. (Ibid.79)

 

La situación de los jóvenes no puede analizarse sobre la base de problemáticas desarticuladas, sino como un complejo tramado social. Bajo tal perspectiva, lo determinante en la actualidad es la modernidad, la que ha determinado condiciones y roles socioculturales a los y las jóvenes. Para los autores recientemente mencionados, en las sociedades modernas los jóvenes aparecen por lo menos en cuatro procesos, de los cuales, solamente se retoman tres por su relación directa con la temática en análisis: “i) Los jóvenes no son un eje central en las producciones económicas, ii) asumen al mismo tiempo papeles de adultos y jóvenes; iii) en muchos casos el sentido de juventud se pierde a través de la conformación de su propia familia o la incorporación al trabajo (Ibid.71).

 

Evidentemente, lo expuesto lleva a comprender que la problemática social de los jóvenes es de completa subordinación dentro de la sociedad moderna y en el país ésta característica no es para nada ajena. Conforme los textos revisados para el presente estado del arte, se han identificado esfuerzos bajo la complejidad y tramado social referidos. Acertadamente, en el capítulo sobre las bases teórico conceptuales, se insistió en la necesidad de comprender la problemática dentro de la estructuración social de la modernidad y el capitalismo, sin con esto desatender propuestas que se lo contrapones e, incluso, contienen modelos y sistemas nuevos. Entonces interesa identificar las problemáticas del empleo, el desempleo, la educación, las políticas públicas en calidad de interconexiones y no como temáticas independientes, aunque los aportes se delimiten más en una que en otras.

 

Retomando la entrevista a Betty Espinosa, en cuanto a los estudios sobre jóvenes, destaca el realizado para el Ministerio de Bienestar Social, por el BID-FLACSO, en el 2001. El propósito de esta investigación se relacionaba con la posterior formulación de políticas dirigidas a jóvenes de 12 a 18 años. Lastimosamente, no se logró instituir las políticas. Posteriormente la CEPAL ejecutó en varios países estudios para jóvenes de 18 a 29 años. En esta ocasión también participó FLACSO. En estos textos se abordan problemáticas como la escasa inserción del joven en el mundo laboral, la situación de los y las jóvenes que afrontan simultáneamente el estudio y el empleo, entre otras. (Op.Cit.)

 

En relación al subempleo, Vásconez (2006) explica que “responde a una lógica de flexibilización laboral y de expulsión del mercado de trabajo, lo que ha hecho que se incremente la participación en empleos de baja calidad” (p. 24). Siguiendo con esta autora, el subempleo afecta principalmente a las personas en edades de 10 a 17 años, ya que su aporte al hogar es un mecanismo de aseguramiento. Para esta autora, el subempleo se reduce entre los 18 y 29 años, pero se incrementa nuevamente a partir de los 30, llegando al índice crítico del 67.1% para la tercera edad (Ibíd. 24) Velasco (2007) complementa la temática a través de los datos siguientes: “En relación con la tasa bruta de subempleo juvenil, el total de jóvenes subempleados responde al 62.3%, para la zona urbana y 77.3% para la zona rural” (p. 29).

 

En referencia directa al desempleo, son varios los autores que lo catalogan como el principal problema que atraviesan los y las jóvenes. Evidentemente, esto se explica por razones de carácter estructural. Al respecto, en referencia a finales de la década de los ochenta, Carlos Paladines (1991) destaca el Deterioro en la cantidad y calidad del empleo, disminución de los salarios, aumento del subempleo y una demanda explosiva de los jóvenes por empleo (Op.Cit. 12). La desocupación está afectando a los grupos de 12 a 24 años de edad. (ibíd. 13). Para entonces, Paladines enfatiza en que la legislación laboral dificulta la integración de los jóvenes al trabajo, ya que no considera la falta de experiencia de quienes se integran por primera vez al mercado laboral. Así también, instituciones como El SECAP no cumplen con los objetivos de capacitación del personal que realmente necesita la empresa y pequeña empresa (ibíd. 14). No hay flexibilidad en los sistemas de promoción ni en el Código de Trabajo, factores que influyen en la manera de evitar contratar nuevo personal haciéndose necesario y más bien recurrir a tecnologías ahorradoras de mano de obra (Ibíd. 14).

 

Para finales de la década de los noventa e inicios de los dos mil, Vásconez comparte datos sobre la población económicamente activa y las tasas de desempleo. Para el primer caso, el rango de edades se estructura entre los 10 a 65 años y más. En el segundo, el rango prácticamente se mantiene, pero se lo considera desde los 12 a 65 años y más; adicionalmente, en este caso, se plantea una panorámica de datos desde 1990 al 2003. La población económicamente activa que engloba las edades que corresponden al tema, puede ubicarse en el rango de edad de 18-29 años, que alcanza un aproximado al 33%, siendo el más alto. Nuevamente, Francisco Cevallos y Christian Cevallos, exponen una clasificación de los datos que refuerza lo de Vásconez. El 82.9% de la población económicamente activa, comprendida entre los 15 y 29 años, se desenvuelve en tres escenarios de categoría ocupacional, asalariado privado 51.8%, familiar no remunerado 17.2% y cuenta propia 13.9%. En poblaciones superiores a los treinta años, las categorías ocupaciones en las que se desenvuelven son: cuenta propia 37.2%, asalariado privado 33.1% y asalariado del gobierno 10.2%. La categoría correspondiente a familiar no remunerado desciende a 6.9% en comparación con las poblaciones jóvenes, que es casi tres veces más (Op.Cit.118).

 

Respecto al desempleo, Vásconez insiste en la consideración en cuanto al promedio de 65% de personas que buscan empleo, sus edades se encuentran entre los 10-29 años (Op.Cit. 21). Por ende, la tasa que debe analizarse, conforme el cuadro del INEC- SIISE, integra dos rangos de edad de 12-17 y 18-24; para el efecto, se expone el siguiente cuadro:

Tasa de Desempleo por Año y Grupos de Edad

 

Años

12-17

18-24

Sumatoria

1990

8,9%

14,2%

23,1%

1991

15%

17,9%

32,9%

1992

14,4%

17,7%

32,1%

1993

12%

16,8%%

28,,8%

1994

11,9%

15,4%

27,3%

1995

10,8%

16,1%

26,9%

1996

13,2%

21,3%

34,5%

1997

14,3%

19,8%

35,1%

1998

18,6%

24,1%

42,7%

1999

25,1%

25,9%

51%

2000

14,7%

17,9%

32,6%

2001

21,3%

19,5%

30,8%

2002

17,8%

17,2%

35%

2003

23,8%

20,6%

44,4%

 

 

En referencia al cuadro, puede concluirse que el desempleo infanto-juvenil, durante algo más de una década, se ha estructurado entre el 23 y el 51%; es decir, en un promedio de 36%. A esto debe agregarse que el 85% de hombres de 18 a 29 años pertenecen a la categoría de nuevos desocupados, mientras las mujeres comprenden el 76% (Ibíd. 26-27). Este panorama lo completa con acierto José Antonio Martínez, para quien la desocupación en cortos plazos tiene mayor incidencia en los jóvenes; prácticamente el doble que en la población adulta.

 

No basta con analizar el nivel de accesibilidad, en términos de desempleo-empleo, conlleva relevancia la estabilidad laboral. De acuerdo a la investigación con empresas de Quito y Guayaquil, realizada por Luciano Martínez (2006), se establece que el 43% de las empresas señalaron que los jóvenes permanecen en el puesto de trabajo menos tiempo que los adultos, mientras que el 57% plantea que no existen diferencias al respecto (p. 80). La mayoría de las empresas señalaron que los jóvenes se frustran rápidamente y renuncian (36.7%), muy pocas empresas señalaron que no cumplen con las expectativas de las mismas (10%). (Ibíd. 80). La opinión de los empresarios respecto a los jóvenes es sin duda bastante desvalorizante; todavía predomina la visión fondista de “escuela de trabajo”, que recluta un mismo tipo de trabajador, con características similares desde el vestido hasta el comportamiento laboral. (Ibíd. 97).

 

Todo lo expuesto por Luciano Martínez, invita a retomar a Weller, cuando hace referencia a los obstáculos de la cultura empresarial existente en América Latina, factor nada irrelevante para Ecuador, sobre todo, si se analiza que el acumulado empresarial más importante del país, se encuentra cabalmente en las ciudades de Quito y Guayaquil. La escasa comprensión sobre los procesos educativos y culturales entre jóvenes y adultos, resta capacidad de inserción al empleo a las nuevas generaciones, en caso de lograrse este propósito, evidentemente será bajo remuneraciones salariales menores. Así también, el sostenimiento de una cultura de extrema rigidez, que moldea a los trabajadores bajo una misma personalidad social, es altamente excluyente y con poca visión de futuro. Entonces, el mundo empresarial ecuatoriano, mayoritariamente, carece de elementos para innovar sus procesos mediante la integración de las nuevas generaciones y además se aferra a modelos poco útiles en materia de sostenimiento y competitividad económica

 

La problemática del trabajo, evidentemente, requiere del análisis sobre los niveles de ingreso. Dentro de este ámbito se demuestran condiciones de discriminación y abuso que fortalecen los obstáculos para la accesibilidad al empleo de los y las jóvenes, además de recrudecer las diferencias generacionales y de género.

 

Complementando el análisis en torno a la discriminación por diferencias etáreas. La cultura del adulto, ha impuesto regímenes de explotación para la población general de trabajadores, aspecto que se agudiza respecto a los jóvenes. Lo sostenido por Weller para Latinoamérica, respecto a la discriminación que se hace con los jóvenes a causa del condicionante de experiencia, podría ratificarse para el caso ecuatoriano.

 

Al respecto, Velasco (2007) expone las desventajas que sufren los jóvenes, sobre todo, para acceder a su primer empleo:

 

Los jóvenes confrontan discriminación en el mercado laboral y que una vez que entran en él, continúan en una situación de desventaja respecto a la mano de obra adulta. La edad y la experiencia laboral y estudios son sentidas por los jóvenes como obstáculos más difíciles de vencer para obtener un primer trabajo. (p. 25).

 

Sin desconocer lo ratificado por Weller y Velasco, conviene mencionar que dentro del sistema laboral, las condiciones tampoco mejoran para los jóvenes. Betty Espinosa en la entrevista sostuvo que la incursión al trabajo a partir de los 18 -19 años implica explotación y el afrontar relaciones de poder, donde los jóvenes no solamente están en desventaja, sino muchas ocasiones en vulnerabilidad y riesgo de perder sus empleos.

 

Mientras más pronto se insertan en el mercado laboral es más fácil continuar y tener un trabajo estable más tarde cuando ya tienen más responsabilidades, pero también es bastante duro porque a los jóvenes primero les pagan el salario mínimo vital, y eso en todo tipo de trabajos, incluso en los banco se contratan bastante a persona más jóvenes de 18 o 19; me parece que están en una situación de desventaja en términos de relaciones de poder frente a sus compañeros mayores en el trabajo. (Op.Cit.)

 

En cuanto a las condiciones de empleo y diferencias de género, Francisco Cevallos y Christian Cevallos, sostienen que 53.3% de los jóvenes en edad de trabajar se encuentran ocupados. En el caso de los hombres jóvenes esta tasa aumenta a 66%, mientras que en las mujeres disminuye a 40.8%; esta brecha laboral entre hombres y mujeres es aún mayor en personas que superan los 30 años de edad, donde los hombres ocupados laboralmente representan el 87% y las mujeres el 52%. Entre las causas que se pueden esgrimir para este comportamiento se encuentra el hecho de que muchas mujeres, pese a tener un mayor nivel de escolaridad que los hombres, entre los 20 y 25 años conforman sus propios hogares lo cual les determina la posibilidad de renunciar al empleo o búsqueda de empleo, para concentrarse en el cuidado de los hijos y el hogar. (Op.Cit.120)

 

La problemática se extiende, obviamente a los niveles de remuneración, como claramente lo demuestra Velasco (2007).

 

Los jóvenes que trabajan sin recibir una remuneración equivalen al 16.4%. Para las mujeres jóvenes este valor asciende a 20.8% mientras que para los hombres es el 13.8%. El valor más alto se registra en las zonas rurales en donde de cada 100 personas, aproximadamente 31 no reciben salario alguno. En cambio, para las personas mayores a 30 años, el porcentaje de quienes no reciben remuneración equivale al 6.5% y en las zonas rurales alcanza el 12.6% (p. 30).

 

Para Vásconez (2006), la discriminación de género se visualiza también para poblaciones comprendidas entre 18 y 23 años, pues el número de mujeres sin remuneración prácticamente triplica al de hombres (p.26). En adición, se debe tener presente la innegable inequidad en el pago de salarios; el grupo de jóvenes de 24 a 29 años casi duplica el salario del grupo de jóvenes de 18 a 23 años y el ingreso promedio de un hombre es 35 % más alto que el de una mujer (Ibid.27). Betty Espinosa, en la entrevista, refuerza lo sostenido a través de lo siguiente:

 

Persiste en el mundo, no sólo en Ecuador, una tendencia que da cuenta de que las mujeres ganan menos haciendo el mismo trabajo o con las mismas responsabilidades. Entonces también por eso es más fácil que le contraten a una mujer que a un hombre, creo que ese es otro factor, que les pagan menos a las mujeres (Op.Cit.)

 

Para León Martínez (2006), el hecho de considerar las diferencias de género, no necesariamente implica que todos los indicadores sean negativos. Bajo la perspectiva de movilidad, se observa que las mujeres jóvenes, se ocupan más en actividades que requieren mejores aptitudes académicas. “De esta manera en lo que respecta a rama de actividad, se tiene que las mujeres se ocupan en un 18,06% en servicios de enseñanza, sociales salud y otros servicios sociales, mientras que en los hombres esta rama no es significativa”. (p.50). Adicionalmente, si se compara los índices principales de ocupación, se tiene que en las mujeres sobresalen el empleo en oficina y el trabajo científico e intelectual, 23,23% y 21,94%, respectivamente. Mientras que en los hombres se constata un 22,62% como operarios de industrias extractivas y de la construcción y oficiales, en tanto que un 18,1% lo conforman trabajadores no calificados (Ibid.50). Así también, Martínez destaca un mayor tiempo de permanencia de las mujeres, excepto en las áreas de la industria manufacturera.[3] “En cuanto a movilidad, se aprecia que en general las mujeres se mantienen en mayor medida después de 2 años en la misma ocupación”. (Ibíd. 50-51). Sobre la temática de la discriminación de género, otro autor, Luciano Martínez, considera que no es un fenómenomasivo en el mercado laboral. Existen empresas que por sus características emplean más mujeres que hombres, tanto en el sector servicios como en el industrial (Op.Cit. 96).

Todo lo afirmado respecto a las diferencias de género, se retoma en la entrevista con Betty Espinosa, para quien actualmente la accesibilidad al empleo se concreta más para las mujeres, sobre la base del argumento de que cuentan con condiciones de mayor flexibilidad y preparación académica, pues considera que el número de profesoras y estudiantes está en ascenso.

 

Lo que me parece es que es más fácil también para las mujeres actualmente conseguir trabajo que para los hombres. Porque, tal vez, a veces, tienen más flexibilidad de tiempo, a pesar de que una mujer normalmente tiene más dificultades, pero suele adaptarse. Bueno también depende del sector porque hay sectores donde el trabajo es básicamente masculino y hay sectores donde la mujer está cada vez más presente. Incluso en formación; por ejemplo, en formación universitaria en este momento hay más mujeres que hombres y son más las que terminan. No solamente hay más profesoras, sino estudiantes; la población de mujeres estudiando es mayor que la de los hombres. En FLACSO, por ejemplo, en estudios de posgrado tenemos un poco más de mujeres que de hombres. Que ya indica algo, mayor formación y me parece que en los últimos años más facilidad para conseguir trabajos. (Op.Cit)

 

Uno de los aspectos prioritarios, es la relación entre trabajo y educación. En esta temática el aporte realizado por Carlos Paladines (1991) es medular. El estudio en referencia sostiene que existe desconexión entre educación-trabajo y trabajo-educación, aspectos que influyen en la formación personal, en el rendimiento, especialización, práctica profesional. (p 4). En forma precisa, Paladines considera que el divorcio entre educación técnica y sectores productivos, se debe a la conventualidad de los colegios y al desinterés de los empresarios por contratar a estudiantes de colegios técnicos, puesto que no existe ninguna participación de los sectores de empleadores en la formación de cuadros técnicos. (Ibíd. 8). A esto se debe agregar la insuficiente formación del docente en la educación técnica. En adición, El SECAP asume la formación profesional en forma desvinculada del sistema académico tradicional. (Ibíd. 11).Por tanto, Paladines considera que se debe poner énfasis en el diseño y puesta en marcha de unidades de producción, con elementos que vinculen la tónica empresarial y el contexto de escuela- trabajo, donde los componentes curriculares se integren en una totalidad enriquecedora, de modo que se supere la ruptura existente entre la teoría y la práctica. (Ibíd. 8).

 

En términos de datos, Paladines también afirma que la tasa de deserción escolar en el sector rural, pasados los 15 años, supera aproximadamente el 70%, de lo cual puede deducirse que la mano de obra joven se caracteriza por escasos niveles de calificación. (Ibid.13). Para colmo, el sector artesanal se encuentra en riesgo de desaparición, por procesos de modernización y porque la mayoría de artesanos son reticentes a contratar personal, por el peso que tiene económicamente las leyes laborales, pues los niveles de remuneración no son compatibles con la baja productividad, además no tienen la idea capitalista de expansión del negocio. (Ibíd. 13)

 

En un esfuerzo de síntesis, Paladines caracteriza la debilidad del vínculo entre trabajo y sistema educativo. Para el efecto, se expone el siguiente punteo:

 

  • Ausencia de una política integrada del trabajo en la educación.
  • Carencia de un plan nacional e integral de desarrollo, de un plan de recursos humanos y de una política de trabajo y empleo que establezca los objetivos y metas a corto, mediano y largo plazo.
  • Limitado desarrollo de la dirección y administración educativa. Hace falta un enfoque en la educación rural, con soluciones de accesibilidad.
  • Carencia de un programa curricular orientado a restablecer las relaciones entre educación y trabajo tanto en el subsistema formal como el no escolarizado.
  • Las universidades no cuentan ni con cátedras ni con centros de investigación u obras de difusión que enfrenten este problema.
  • Carencia de información estadística e indicadores sobre las demandas reales de los dos sectores, falta de preocupación por la población juvenil. No existe una clara percepción de los puestos de trabajo y demandas del sector industrial, agrícola, profesional, y del empleo en general.
  • Necesidad de desarrollo de la fundamentación empírica, del desarrollo científico y tecnológico, permanente actualización de alumnos y profesores (Ibid.16).

 

Para finales de los noventa y parte de los dos mil, aspectos de igual peso se pueden argumentar sobre los niveles de educación y su utilidad para los procesos productivos. Nuevamente, desde la perspectiva de Weller (2006), desaprovechar los avances en educación recrudece los niveles de desigualdad, como también afecta seriamente en los ingresos de los sectores más pobres y refuerza las situaciones de riesgo respecto a problemas de adaptación social y marginación. (p.8)

En la entrevista con Betty Espinosa se enfatizó que la formación universitaria implicaba mejores posibilidades de empleo en la década de los 80. A partir de los 90 se privilegia perfiles de mayor flexibilidad que con formación académica. En esa perspectiva, la tónica de contratación se delinea por personas capaces de adaptarse a la pluriactividad.

Eso era cierto tal vez hasta ,los años 80 donde si había una relación entre la educación, formación universitaria que era casi una promesa de conseguir un buen trabajo, pero esta relación empieza a diluirse desde los 90; incluso, a veces es más fácil conseguir un trabajo con menos formación que cuando uno tienen más formación y esto si habíamos vistió en este estudio FLCASO-CEPAL, o sea no es tan evidente actualmente esa relación porque también el mundo productivo ha cambado, se requiere personas cada vez más flexibles no necesariamente más formadas, sino más bien dispuestas a hacer trabajos de pluriactividad que no se relaciona por ejemplo con una especialización en la universidad, la universidad más bien privilegia la especialización. El sector productivo ya no, más bien privilegia la flexibilidad, la pluriactividad y ya no encaja tan bien esa formación universitaria que sí lo había hasta la década del 80. Entonces si hay un cambio que vienen desde el sector productivo, hay un menor reconocimiento a los títulos y menos impacto de los tirulos, el sector productivo se ha diversificado, los tipos de contratos son también diversos; o sea hasta el 980 el sector formal básicamente contrataba a tiempo definido y para actividades especificas, desde el 90 hay un cambio bien marcado hacia la flexibilidad y claro se privilegia más bien trabajos que no necesariamente son de personas altamente capacitadas… por ejemplo, si uno ve en Europa el alto desempleo de los jóvenes, y son jóvenes que no les falta capacitación, más bien muchos más capacitados que anteriormente (Op.Cit)

En esa dirección, lo afirmado por Beck se torna una columna medular, la sociedad del capital no solamente se ha diversificado, sino que se reproduce sin trabajo. El desarrollo científico técnico, inclusive, atenta en contra de la accesibilidad de los científicos al mundo del empleo; sus aportes están llevando a que no solamente se escinda de los trabajadores manuales, sino de los intelectuales. Los sistemas informáticos cada vez requieren de menos personal y éste se encuentra en diversas regiones del mundo, factor que ha llevado a que la fuerza de trabajo en el mundo occidental sea remplazada por fuerza de otras latitudes, con salarios considerablemente menores. Obviamente, esto conlleva diferencias en el mundo de las economías menos desarrolladas, donde la productividad industrial privilegia a la mano de obra bajo las características resaltadas por Espinosa. En la actualidad, sin embargo, vale diferenciar el asunto respecto al gobierno de Rafael Correa, que indiscutiblemente está priorizando el desarrollo científico técnico a través del masivo apoyo en la formación académica de pregrado y pos grado, principalmente, para jóvenes, con la clara intención de fomentar la sociedad del conocimiento y la tecnología en nuestro país.

Desde la óptica de Francisco Cevallos y Christian Cevallos, se refuerza lo aportado por Vásconez y lo sostenido en la entrevista con Espinosa, para estos autores el nexo entre educación y trabajo, muchas veces, es inexistente y afecta sobremanera a los y las jóvenes. De allí que el estudio integral no se puede centrar sólo en los aspectos formales del aprendizaje (contenidos, metodologías, didáctica); sino en la acepción más amplia de la formación, que tiene que ver con el desarrollo de la personalidad y del conocimiento que le sirva al joven para la libertad, la convivencia, el desarrollo y la vida. (Op.Cit.97)

Yolanda Velasco (2007), ratificando el desencuentro entre educación, mercado laboral y desarrollo económico, plantea algunos aspectos de importancia: 1) la necesidad de crear incentivos y facilidad de acceso para la reinserción de los jóvenes que han abandonado el sistema educativo; 2) la necesidad de establecer programas tendientes a la vinculación entre la educación y el mercado laboral; 3) ampliación del acceso a la formación Universitaria y adecuación de la formación conforme las necesidades del sector productivo; 4) apoyo gubernamental al desarrollo redes virtuales de oferta/demanda de servicios de jóvenes en el mercado; 5) garantizar el pago salarial justo y con seguro social.

Luciano Martínez, por su parte, en la investigación antes referenciada, comparte algunos datos de importancia. El 70.4% de las empresas capacitan e incentivan a la mano de obra, de alguna forma; las empresas del sector servicios lo hacen en una proporción del 73.5% frente al 67.9% de las empresas del sector industrial (Op. Cit. 89). Existen iniciativas de incubación empresarial, que actualmente están funcionando en la Universidad San Francisco de Quito, Universidad Andina Simón Bolívar, UNITA, Politécnica Nacional, ESPE, UTE, ESPOL, Universidad Particular de Loja, Santiago de Guayaquil, PUCE, Escuela Pacífica de Negocios. (Ibíd.: 92). Se constata, como estrategia prioritaria, la conservación de la mano de obra más calificada, en el estrato de gerentes y técnicos. No sucede de igual forma con la mano de obra ubicada en el estrato de obreros, que adquiere características de una mano de obra “flexible” (Ibíd. 96–97). Lo mencionado deja en claro la desvinculación entre la formación de los jóvenes y las posibilidades reales de encontrar trabajo, especialmente en el sector industrial. Las carencias del nivel educativo se manifiestan mucho más en las empresas del sector servicios que en las industrias (Ibíd. 97). No son muchas las empresas que implementan una política de capacitación de la mano de obra juvenil; en general, para las empresas los jóvenes son mano de obra barata, antes de una potencialidad hacia el futuro o para el crecimiento empresarial. (Ibíd. 97).

En referencia a los cinco últimos años, es decir, del 2007 a 2012, dentro del nuevo contexto, el análisis conlleva continuidades respecto a lo analizado, pero también claras discontinuidades. Es evidente que los cambios provocados por el gobierno de Rafael Correa ha promovido mayor reconocimiento y participación de los y las jóvenes dentro del Estado; no obstante, a nivel social aún no se logra generalizar esta práctica. La cultura del adulto prevalece, indiscutiblemente.

Conforme datos del INEC, correspondientes al censo 2010, la población entre las edades de 18-29 años es de 3043513, que representa el 20,67% del total nacional. Dentro del mismo rango etáreo, la población económicamente activa es de 1880058, de la cual se considera como población en ocupación a 17727236. La cifra mencionada es de suma importancia, ya que permite cuantificar la tasa bruta de empleo en 56,8%, la tasa de empleo en 91,9% y la desempleo en 8,1%. En el gráfico siguiente se aborda la problemática organizando las cifras conforme los diversos grupos culturales.

 

 

Fuente:INEC, Censo Nacional de Población y Vivienda, 2010.

 

En términos comparativos con datos del 2003, existe una importante reducción, ya que para entonces la tasa para edades comprendidas entre 18-24 años se encontraba en 20,6%, mientras que el valor promedio de toda la década de los noventa se ubicó en 17,24%.Los datos en relación a pobreza y pobreza extrema, también connotan indicadores a tomarse en cuenta: el número de pobres para las edades entre 18-29 años es de 1509337 y de pobres extremos de 640929; es decir, 49,6% y 21,1%, respectivamente. Evidentemente, los índices son todavía altos, pues la mitad de los jóvenes vive en pobreza y dos de cada diez atraviesan situaciones de extrema pobreza.

 

Fuente:INEC, Censo Nacional de Población y Vivienda, 2010

En cuanto al subempleo, los datos confirman una tendencia de reducción si se la contrasta con la situación anterior de 62.3% de jóvenes subempleados para la zona urbana y 77.3% para la zona rural. Conforme datos de una encuesta realizada en diciembre de 2011, la tasa bruta de subempleo urbano a nivel nacional es de 51,5%. Sin embargo a nivel de provincias la situación es sumamente preocupante, pues se llega al 86,4% en Zamora Chinchipe, al 80,9% en Bolívar, al 75,9% en Morona Santiago, al 72,8% en Chimborazo, al 72,4% en Cotopaxi, al 71,8% en Napo, entre las de mayor nivel. El siguiente gráfico precisa las cifras de tasa bruta de subempleo en cada una de las provincias.

 

 

 

Fuente:INEC, Encuesta Urbana de Empleo y Desempleo, Dic 2011

La situación expuesta a través de datos, no conduce a negar problemáticas aún vigentes. Bladimir Chicaiza, considera que el mundo adulto discrimina a los jóvenes, como un determinante de la modernidad y de las perspectivas occidentales. También hace referencia al justificativo de la experiencia, que para Chicaiza no constituye nada más que una variación del discurso excluyente, que evita a los jóvenes a acceder al empleo. En definitiva, los jóvenes continúan siendo filtrados, discriminados del mundo del trabajo.

 

El mundo adulto es lógico y racional insertado en una perspectiva europea.; saca argumentos validos, la lógica administrativa por ejemplo la falta de experiencia entre otras cosas. Pero en realidad en el fondo lo que hay es un discurso para negarlo de evitar que el joven se inserte en el mundo del trabajo. Dentro del mundo del Trabajo los filtros siguen de manera permanente[4] (B. Chicaiza, entrevista personal, 13 de junio 2012)

 

En una manera sintética y sobre la base de una clara categorización marxista, Bladimir Chicaiza precisa que los jóvenes constituyen el ejército de reserva; es decir, fuerza de trabajo en estado de alerta, útil en momentos excepcionales, no prioritaria dentro del proceso productivo, evidentemente circunstancial. En términos socioculturales, Chicaiza clarifica que esta subordinación obedece a los parámetros de una cultura del adulto, que determinan no solamente un acceso subalterno al trabajo, sino que reproduce condiciones de precaridad laboral para los y las jóvenes.

 

Los jóvenes son un ejército de reserva del sistema. Están siempre ahí, con la posibilidad cierta de poder remplazar a cualquier persona, pero en condiciones impuestas por el mundo adulto de ingresar al mercado laboral en condiciones de trabajo decente, con sueldos bajos por ejemplo, empleos temporales. Los jóvenes entran y salen de este mercado laboral con condiciones precarizadas, no de trabajo decente. Hay una serie de formas laborales precarias, que permiten que el joven entre y salga de manera permanente según el mercado los necesita (Ibíd.)

 

Bladimir Chicaiza también analiza aspectos de índole socio cultural que caracterizan al mundo del trabajo en relación con los jóvenes. En esa perspectiva, Chicaiza considera, incluso, que el acceso al trabajo implica asumir personalidades claramente adultas, aunque las edades conlleven otras simbologías. Para la vinculación en un puesto de trabajo, se mide la formalidad en la vestimenta, tipos de cabello y otros elementos que no responden a las características culturales y cotidianas de los jóvenes. Lo que se expone acontinuación clarifica lo mencionado.

 

Los jóvenes que logran pasar este filtro adulto, lo hacen adultizándose en varios sentidos. Un joven que se presenta para acceder a un empleo, opta por esconder sus signos externos (piercings, tatuajes, pelo largo, minifaldas y tacos en mujeres) y asume la presencia de un adulto (terno, corbata, pelo corto). No solo son los signos externos, sino que deben ocultar los comportamientos y conductas propias de su edad que no son bien vistos por los adultos. Estos signos que caracterizan a un o una joven deben ser archivados para asumir el papel de adulto e ingresar al mundo del trabajo adulto y lo hacen en condiciones de excesiva y movilidad, es decir entran y salen del mercado laboral con facilidad. Esto supone una forma de discriminación y ejercicio del poder por parte del mundo adulto (Ibíd.).

 

En términos de educación, Bladimir Chicaiza sostiene que la población juvenil ha alcanzado niveles de formación e instrucción como nunca antes en la historia de la humanidad. El número de bachilleres y profesionales se ha incrementado notablemente, también el manejo de Nuevas Tecnologías y Medios de Comunicación Alternativo. Podría deducirse que los y las jóvenes son las poblaciones más preparadas de la sociedad. No obstante, también refuerza lo paradójico de su condición, pues pierden su empleo con mucha facilidad.

 

Los jóvenes de hoy, son la generación más preparada de la historia de la humanidad. Estos han alcanzado niveles de instrucción, capacitación nunca antes vistos. El acceso a la educación formal se ha incrementado, paralelamente a esto el acceso a los medios de comunicación, internet, tecnología han hecho que los jóvenes con mayor facilidad consiguen empleo pero también, con facilidad lo pierden de manera paradójica. Son esa mano de obra precarizada que sirve como modulador de demandas sociales y laborales que pueden ser usados en cualquier

Momento en un sistema (Ibíd.).

La afirmación realizada por Chicaiza puede verificarse con los datos del censo del 2010.

Sin discusión los niveles educativos más altos de la historia de nuestro país, no obstante, podría sostenerse que el nivel de educación superior es de apenas el 9,1 %; que corresponde a un aproximado de 273916 jóvenes entre 18-29 años. Valdría precisar que tampoco se puede generar una sobre oferta de profesionales, condenando a personas tituladas a no contar con puestos de trabajo. Además, los medios físicos y económicos no alcanzarían para el proceso de formación. El hecho de que a más nivel de formación mejor calidad de vida, no puede implicar la promoción masificada de personas con titulación superior, sino una adecuad redistribución de la riqueza y de las fuentes de empleo para otros sectores. En la tabla que a continuación se expone, se precisan cifras por cada una de las provincias del país.

Indicadores de educación población de 18 a 29 años de edad

 

Provincia

Población

Analfabetismo

Primaria Completa

Instrucción Superior Completa

AZUAY

160.39

1,3%

89,1%

33,7%

BOLIVAR

33.457

3,2%

85,3%

25,7%

CAÑAR

46.454

2,7%

85,2%

24,8%

CARCHI

31.813

1,8%

85,9%

21,0%

COTOPAXI

83.434

2,7%

86,6%

22,8%

CHIMBORAZO

93.326

2,2%

87,2%

30,1%

EL ORO

126.075

1,5%

88,7%

26,9%

ESMERALDAS

107.351

5,2%

76,2%

17,2%

GUAYAS

760.956

1,9%

86,5%

27,1%

IMBABURA

80.414

2,4%

86,9%

28,0%

LOJA

90.631

1,4%

90,9%

37,4%

LOS RIOS

156.078

3,6%

82,5%

17,4%

MANABI

272.726

3,8%

83,3%

24,6%

MORONA SANTIAGO

29.853

2,3%

83,2%

19,2%

NAPO

21.240

1,4%

88,8%

21,3%

PASTAZA

17.871

1,8%

87,2%

28,6%

PICHINCHA

581.738

1,0%

91,4%

40,6%

TUNGURAHUA

107.126

1,1%

91,1%

30,2%

ZAMORA CHINCHIPE

19.209

1,3%

90,1%

24,6%

GALAPAGOS

5.382

0,4%

90,6%

37,0%

SUCUMBIOS

38.009

2,4%

81,7%

14,4%

ORELLANA

29.780

1,9%

84,3%

15,5%

SANTO DOMINGO DE LOS TSACHILAS

79.546

2,3%

86,6%

19,8%

SANTA ELENA

64.525

2,0%

87,5%

17,9%

ZONAS NO DELIMITADAS

6.122

6,0%

77,7%

7,0%

Total Nacional

3.043.513

2,1%

87,1%

9,1%

 

La discriminación conforme lo enfatiza Chicaiza, es más notoria respecto a poblaciones por sus diferencias de género y étnico-cultural. Al respecto, recuerda que en Ecuador perviven herencias colonialistas. En el mundo del trabajo se observa aún preferencias por personas blancas y de posiciones económicas de clase media y alta, no así de indígenas y afrodescendientes.

 

El tema del empleo juvenil implica entender varios espacios de diversidad entre jóvenes, género, interculturalidad. En el Ecuador, un país con herencias coloniales, el tema de las diferencias por origen étnico y cultural marca la diferencia inclusive más que en términos económicos. Por ejemplo en bancos y vendedoras de autos, se puede apreciar mujeres rubias y guapas. En espacios del Estado hay que hacer una lectura sobre cuál es la inserción laboral desagregada por etnia. Inclusive en Esmeraldas una provincia con eminentemente afroecuatoriana, he podido apreciar que en estos sectores de atención al público prevalecen personas de tez blanca y de ahí para arriba es más acentuada la presencia de gente blanco mestiza. Claro que esto obedece también a los bajos niveles de instrucción y económicos que existen a nivel rural que es donde se encontramos mas población indígena y afroecuatoriana. Es decir, existe un blanqueamiento del mercado laboral. (Op.Cit).

 

2. Los estudios de caso: jóvenes y trabajo en Quito y Guayaquil

 

Dos contribuciones, más bien estudios de caso en Quito y Guayaquil, demuestran mucho de lo sostenido a nivel nacional, pero a través de enfoques antropológicos, aspecto que cualifica el análisis, debido a que se incorporan las voces de jóvenes, en entrevistas individuales y en grupos focales, respecto a su realidad laboral. En tal perspectiva se ofrecen investigaciones sobre las expectativas y estrategias laborales de jóvenes en Quito y las expectativas y estrategias laborales en Guayaquil. En los dos trabajos se apunta a lo que sostienen los jóvenes en cuanto al acceso al trabajo y durante el trabajo. Igualmente, el énfasis está en la discriminación respecto a los adultos y extranjeros y en relación a las diferencias de género. Una temática que es constante y que determina la integralidad de los textos es la compleja interdependencia entre jóvenes-trabajo-educación.

 

Para el caso de Quito, Betty Espinosa y Ana Estévez (2006) parten de una necesaria referencia a los determinantes de alta competitividad en el mundo laboral contemporáneo, que condiciona mayores niveles de flexibilidad-calidad y de “súper-especialización”. Este condicionante implica nuevas demandas respecto a las destrezas de los trabajadores, así como, capacidad de innovación y la correspondiente configuración de otras relaciones contractuales y salariales. Según las autoras, actualmente, se constata una nueva caracterización ideológica, que direcciona la subjetividad de los trabajadores; sus deseos y expectativas de seguridad y estabilidad laboral (p. 103)[5].

 

Dentro de una perspectiva analítica, las autoras, recientemente mencionadas, contextualizan la problemática de Quito con datos respecto a la situación juventud-trabajo. Al respecto, precisan que los jóvenes constituyen el 30% del PEA de la ciudad. En cuanto al PEA estrictamente juvenil, el 55% de esta población se encuentra inserta en empleos del sector moderno. El 31% de los y las jóvenes están afectadas por el subempleo. En el sector informal se registra un importante 38%. Finalmente, el 21,6% del PEA juvenil cuenta con estudios en educación superior y el 21% cuenta apenas con educación primaria.

 

Según las autoras, en el contexto mundial, la demanda laboral tiende a preferir a los jóvenes y perjudicar a la población adulta, sobre todo, por la necesidad de conocimientos y destrezas tecnológicas ajenas a los adultos. Sin embargo, las percepciones de los y las jóvenes, de la ciudad de Quito, contradicen este marco. Dentro de esta línea expositiva, los y las jóvenes consideran que en la actualidad el acceso al empleo es sumamente competitivo y sienten desventaja por los niveles de inexperiencia, aspecto que propicia mayor explotación. Así también, destacan la importancia de las palancas o los contactos familiares o de índole profesional como elementos que facilitan la consecución de un trabajo; no obstante, también mencionan al internet y a los avisos en periódicos (Ibid.108-109).

 

En relación específica a la experiencia en ámbitos laborales, los jóvenes de estratos económicos medio y alto, conciben contribución en la mejora de los ingresos, en el acercamiento a realidades desconocidas y en el desarrollo de disciplina y cumplimiento de horarios. En cambio, en los jóvenes de bajos recursos económicos, sobresalenexperiencias insatisfactorias, por las jornadas largas, los trabajos pesados y la mala remuneración (Ibid.109).

 

El tema de la discriminación es posiblemente el que mayor énfasis conlleva para los y las jóvenes. Sobresale la preferencia por los adultos y por extranjeros. La preferencia por los primeros no difiere de lo ya argumentado y tiene relación con la experiencia. En este puto específico, una de las narrativas destaca lo contradictorio que resulta medir la experiencia y a la vez excluir a los y las jóvenes de los espacios para desarrollarla; cómo se gana experiencia laboral con dificultades para acceder a un empleo. Durante todo lo trabajado en el presente estado del arte, la discriminación frente a los extranjeros es algo sumamente novedoso. Conforme lo que los jóvenes relatan, no solamente el acceso se dificulta, sino que la remuneración a foráneos es superior y las jornadas laborales, incluso, menores. Al respecto, las autoras no realizan análisis alguno, pese a que se está connotando un comportamiento claramente colonial. La preferencia por extranjeros en las ofertas de trabajo y en los niveles salariales, da cuenta de un reconocimiento de superioridad no justificado técnicamente en el texto.

 

El problema de la discriminación, dentro de las perspectivas constatadas en las narrativas juveniles, es más severo para las mujeres. En este caso, Espinosa y Estéves, recogen testimonios no solamente delimitados a las históricas preferencias por los hombres, sino evidenciando prejuicios de una cultura patriarcal; dentro de los contenidos de las narrativas se detecta exclusiones por una condición física ajena a la estética dominante de la sociedad moderna: “si eres gordita, si eres flaquita, si eres fea, si no tienes algo agradable, entonces si se sufre y si no es por alguna recomendación es muy difícil insertarse en el mercado laboral…Tenías que ser guapa (Ibíd. 116)[6]. El colonialismo se confirma al tratarse de la situación de mujeres indígenas y afro descendientes; el problema conlleva una triple exclusión, a más de ser jóvenes, se suman las posturas racistas y machistas.

 

Espinosa y Esteves realizan una interesante incursión en la memoria de jóvenes, al dialogar sobre sus recuerdos laborales. Dentro de los testimonios, se sostiene la necesidad de trabajar por las difíciles condiciones económicas de sus familias, factor que inclusive les obligó a abandonar los estudios. Se destaca actividades como lustrar botas, asistencia en construcción, comercio informal, empleo doméstico, entre los principales. La problemática del trabajo infantil, conforme los relatos, es mucho más compleja en escenarios de la calle, por los peligros y riesgos a su integridad. Bajo la niñez, el trabajo no es un deseo, sino una obligación: “si saber muy bien cuándo- se encontraban ya trabajando.”(Ibid.113). A esto se debe agregar las dificultades y conflictos que en la calles se atraviesa con la Policía, sobre todo cuando se los desalojaba de lugares públicos y de importancia turística (Ibid.114).

 

Los contenidos siguientes articulan las temáticas de juventud-trabajo-educación. Conforme las autoras mencionadas, los y las jóvenes destacan la importancia de la educación para mejorar sus ingresos, debido a que la buena formación facilita la consecución de trabajo. Las posibilidades de conseguir trabajo, una vez culminados los estudios universitarios, no obstante, es complicada, debido a que condicionan en los perfiles tres a cinco años de experiencia. El panorama cambia cuando la experiencia laboral de los y las jóvenes se respalda con títulos profesionales y académicos. En el caso de los sectores con economías condicionadas por la pobreza, estudiar es una estrategia para conseguir empleo y satisfacer las necesidades de una futura familia, luego el estudio se convierte en una segunda prioridad, por tanto, se llega a preferir carreras técnicas. En referencia a la relación educación trabajo, en las narrativas se constata posturas de crítica, debido a que lo que se imparte en teoría no conlleva aplicabilidad práctica y la mala educación en el país reduce el nivel de competitividad con los extranjeros.

 

En la investigación realizada por Gardenia Chávez y Gabriela Bernal, se constata una diferencia metodológica, se prioriza más el trabajo con grupos focales con jóvenes divididos en cuatro estratos sociales; altos, medios, pobres y marginales. Al igual que el estudio anterior en Quito, se parte de las expectativas de vida, las expectativas respecto al empleo, la vinculación que hacen entre educación y trabajo, las diferencias de género y trabajo.

 

Una característica constante del trabajo de Chávez y Bernal (2006), es el énfasis en las diferentes expectativas conforme el estrato social o de clase al que pertenecen. En esa perspectiva, en los sectores de recursos más bajos, el trabajo es una necesidad frente a la sobrevivencia y a las pocas oportunidades que la sociedad ofrece. En los sectores medios el trabajar contribuye en el sustento personal y familiar. En cambio, en los sectores de economías altas, el trabajo es un medio para el negocio y el patrimonio. (p. 130). Dentro de la misma tónica de análisis, en los sectores pobres, los y las jóvenes se sienten más presionados a la inserción en lo que los padres consideran como urgente. No así en los sectores medios y altos, donde gozan de mayor libertad para asociar el trabajo con las preferencias. (Ibid.131). Sobre la base de lo referido, buscar trabajo en los sectores pobres es una petición a la sociedad, en cualquier área. En los medios y altos, las narrativas se dirigen a buscar cualidades en los empleos y a implementar su propio negocio o empresa. (Ibíd. 132)

 

En Guayaquil, al igual que en Quito, la experiencia fue considerada como fundamental para la accesibilidad al empleo. Los y las jóvenes ubicaron que ésta tiene relación con la competencia y el riesgo a ser excluidos del trabajo (Ibíd.: 137). Sin embargo, las autoras encontraron posturas que reconocen valor en la experiencia, por el aprendizaje y la complementariedad que logran con los adultos. Otro aspecto en estrecha relación con la accesibilidad, fue la institucionalización del empleo con las tercerizadoras,[7] que a más de considerarse uno de los canales sociales de inserción laboral, constituyó el mecanismo más idóneo para la explotación. (Ibid.140). Los y las jóvenes también destacaron que el acceso a un puesto de trabajo está determinado principalmente por el palanqueo o padrinazgo[8] (Ibid.140). En términos de accesibilidad, se compartieron testimonios que delatan discriminación en contra de los jóvenes, más al tratarse de grupos de afro descendientes y de orientaciones sexuales diferentes a la heterosexual. [9]

 

Los y las jóvenes participantes en los grupos focales de Guayaquil, ubican la importancia que conlleva la educación. Las narrativas, en forma generalizada, consideran que la educación es mayoritariamente de mala calidad, más aún, altratarse de su nexo con el mercado laboral. Sin embargo, destacan que constituye una necesidad para conseguir empleo y elevar el nivel de los recursos familiares. En dirección directa al mundo laboral,los y las jóvenes consideran que las universidades deben acoplarse al mercado laboral; para el efecto, sus relatos proponen pasantías, prácticas y cursos de computación e inglés, con el objeto de mejorar las destrezas (Ibid.134). Además identifican, en todos los sectores económicos, que el trabajo resta concentración para el desarrollo del estudio. En tal perspectiva, no conciben como positivo el combinar las dos actividades. (Ibid.148)

 

En relación a la diferencias de género, en la investigación en Guayaquil, se precisa que la mayoría de participantes, en los grupos focales, consideran que las mujeres tienen maro acceso y presencia en el mundo laboral. Dentro de los criterios que se relatan, se menciona esto se debe a que son más organizadas, comprometidas y logran hacer más carrera. (Ibíd. 138). Lo mencionado, no obstante, no significa que se hayan abandonado concepciones machistas, que identifican roles más tradicionales para las mujeres, sobre todo, al tratarse participantes de sectores con ingresos más bajos y condiciones de vida en pobreza. (Ibid.139).

 

3. Trabajo, jóvenes y sexualidad

 

Un aporte en una línea de análisis diferente es el que se ofrece en una tesis de grado, previa a la obtención de Título de Trabajadora Social, en la Universidad Central del Ecuador. La autora hace un recorrido histórico de carácter sociológico sobre las formas en que la sociedad ecuatoriana ha visto el fenómeno de la prostitución. También se hace una revisión de los últimos 20 años desde un enfoque económico marxista en busca de las causas que impulsan el fenómeno de la prostitución en el Ecuador. Se realiza 73 encuestas de 20 preguntas a mujeres adolescentes internas en los CENTROS DE OBSERVACION “MARÍA DE LA ESPERANZA” DE ESMERALDAS Y “ESTHER DURAN DE CISNEROS” DE AMBATO, se apoya en datos revisados en la prensa nacional cuyas fuentes son entre otras las siguientes instituciones: INNFA, BANCO CENTRAL DEL ECUADOR, CODIGO PENAL y CODIGO DE MENORES, ONU, POLICIA NACIONAL, UNICEF – OPS, AFP., Oficina Católica BICE y Federación Internacional contra la Esclavitud, RED MUNDIAL DE SUPERVIVENCIA, OIT. Los objetivos mencionados son bastante ambiciosos por la envergadura del tema, cito tres ejemplos que dan una idea de lo que lo que Salvador (2001) pretendía con la realización de este documento:

Establecer, si la prostitución en el Ecuador, y de los menores en particular, es una actividad legalmente constituida y socialmente tolerada, a pesar de la Disposición de Naciones Unidas de 1949, suscrita por el delegado ecuatoriano en la Asamblea Mundial de este alto Organismo y el Convenio Bilateral que determinaba la Erradicación de la Prostitución y la Represión de la Explotación de la Prostitución Ajena, que involucra a adultas y menores de edad y fue ratificada en 1979. (p. 21)

Averiguar, si dentro del contexto económico y social que viven los ecuatorianos, la prostitución ejercida por adultos y menores de edad, es la mejor alternativa para la solución a los problemas que originalmente confrontan; y lo es también, para su realización integral como personas humanas en el contexto nacional e internacional. (Ibid.21)

Comprobar si la prostitución heterosexual y la homosexualidad, SON PARTES DEL DESARROLLO DE LA MODERNIZACION del Estado Ecuatoriano; o es una actividad que se ha convertido en el instrumento de explotación, extorsión y alta discriminación en contra de quienes la ejercen y por tanto debe ser, no solo reprimida sino definitivamente erradicada; o si no lo es, corresponde al gobierno ecuatoriano combatirla. (Ibíd. 21).

El texto procura evidenciar las posibles causas, tanto de la existencia del problema a nivel social, como de la presencia de las/os menores de edad en esta actividad. La promoción del consumo de erotismo, tanto a nivel de medios de comunicación, como de símbolos sociales, sus ribetes en torno a una sociedad capitalista y de consumo, la promoción de la modernización y la tolerancia a la violación de los derechos, han sido analizadas desde un posicionamiento económico y de crisis social e institucional. Aborda además la crisis familiar, de valores y el abandono emocional. A pesar de que la investigación se publica en el año 2001 recoge datos de encuestas desde el año 78, lo que dificulta la comprensión objetiva en el estudio de casos ya que los cambios sociales a lo largo de esos 30 años fueron bastante significativos.

Se menciona la transformación simbólica del adolescente para las autoridades durante el mandato del Ing. León Febres Cordero, en donde proliferan las pandillas, la represión a los jóvenes y adolescentes, así como, la clandestinidad tolerada de la prostitución infanto juvenil por parte de las autoridades que según manifiesta la autora, incluso se convierten en explotadores de estas menores a quienes sobornan, utilizan sexualmente e invisibilidad.

En este texto no se hace uso del concepto trabajo sexual, que dentro de las ciencias sociales se lo ha asumido como una conquista de género, ya que el de prostitución se lo ha considerado denigrante. Sin embargo, Salvador (2001) mantiene este concepto.

Definida como está la prostitución, como el ofrecimiento habitual de la persona para un trato sexual con cualquier persona dispuesta a pagar, forma parte del comercio sexual y en él no solamente están incluidas las mujeres se vida fácil, entre ellas se registran madres de familia, empleadas, mujeres solteras de toda condición social; sino también homosexuales, menores de edad y en los últimos años, también hombres de toda edad, insertos en la prostitución masculina. (p. 45).

En relación al concepto utilizado por la autora, se expone como causal la situación de pobreza de las familias ecuatorianas:

La pobreza se suele medir en dependencia del nivel de ingresos o de gastos que permite sustentar un nivel de vida estrictamente esencial. Pero también entraña factores tales como la nutrición, la esperanza de vida al nacer, la disponibilidad de agua no contaminada y condiciones higiénicas, la salud no pública, saber leer y escribir y otros aspectos propios de la existencia humana (Diario el Comercio, Revista la Familia, 2 de junio de 1996).

Sin embargo, en el texto se enfatiza el derecho al trabajo, dentro de connotaciones que excluyen a lo sexual. “El derecho del hombre y la mujer al trabajo es un derecho y un deber gubernamental y de la sociedad, si quiere procurar el bien común.” (Salvador, 2001).

La información que proporciona el texto es bastante cuestionable ya que afirma de manera contundente la inexistencia del fenómeno de la prostitución infanto juvenil cuando bien puede ser, por las fuentes en las que se basa, que en los medios y en el imaginario de la gente no haya sido tomada en cuenta lo que no significa necesariamente que no haya existido.

Hasta hace 3 o 4 décadas, la prostitución femenina era la única y sus cifras eran muy reducidas. La prostitución infanto juvenil no solo era excepcional, sino que se reprimía penalmente a sus inductores en el Ecuador y en el medio internacional. Pero, actualmente se la ejerce abiertamente en prostíbulos, clubes nocturnos, discotecas y salas de masajes, clandestinamente; siendo esta última, la más numerosa y permitida, sin importar sexo ni edades. La presencia de menores en el mercado sexual, conceptuado como “carne joven” está súper valorada y los beneficios económicos son compartidos entre los componentes de la red de explotación. (Ibid.19)

También debemos señalar los procedimientos fraudulentos adoptados por proxenetas y propietarios de prostíbulos, de adulteración de partidas de nacimiento de adolescentes, sirviéndose de soborno a las autoridades del Registro Civil… Entre estos procedimientos fraudulentos, como hemos dicho, está la permisividad policial de menores dentro de los prostíbulos y en la vía pública, esta anomalía se puntualiza en las estadísticas policiales, de su casi ninguna incidencia; como lo probamos con un informe de SIC, en el cual, en 5 años, de 1986 a 1991, sobre participación de menores en actos violatorios a la ley, solo se menciona un caso de prostitución. (Ibid.97)

De las conclusiones e intento de sugerencias que la autora ensaya se logra avizorar su tendencia a manejar el tema de la prostitución desde un enfoque moral y aboga sobre todo por acciones penales para los infractores de la ley en lo que a este tema se refiere que “ejemplifiquen” el castigo ante la sociedad como forma de prevenir este tipo de delitos y prácticas.

A lo largo y ancho de este estudio y con casos ilustrativos, consignados en todo el orbe terrestre: gracias a la información de la prensa nacional y extranjera, hemos podido demostrar, no solo el incremento de la prostitución de mujeres, hombres y homosexuales; para gusto y capricho de todas las personas e incluso de aquellos que padecen de aberraciones y satisfacen sus apetitos primarios por la vía de costumbres que se apartan de la normalidad; sino también por la presencia inusitada, descomunal y descarada de niños y jóvenes, que los toman como un “fenómeno social” en las postrimerías del siglo que vivimos. Hemos descrito y analizado críticamente, las implicaciones de los traficantes de sexo con el crimen organizado, la delincuencia y narcotráfico, con abundamiento de ejemplos y de detalles. Si la prostitución se ha difundido tanto en el mundo entero y a llegado a insertarse con tanta facilidad, hasta en el turismo sexual; la compraventa de mujeres y menores, por parte de ciertos padres y proxenetas inescrupulosos, convertidos en dueños de sus vidas, que solo a Dios le corresponde; y sin que los gobiernos de los países, iglesias y organizaciones privadas apliquen medidas ejemplarizadoras que pongan término a las bandas y redes de traficantes de estos grupos humanos e inclusive torciendo sus derechos, lleguen a sugestionarles y persuadirlos, para que ingresen a la prostitución como una opción voluntaria. La práctica sexual no siquiera está protegida con precauciones elementales que preserven a los usuarios del contagio de graves enfermedades, y muchas de ellas, que como el SIDA, son incurables. Esto se da, porque existe demasiada liberalidad en la rutina de sus hábitos íntimos; y la corrupción que se registra a todo nivel en los círculos oficiales y policiales, a alcanzado tales proporciones de enriquecimiento ilícito, con ribetes de “botín político”, que ha subsistido en todos los tiempos gracias a la impunidad de los gobernantes, que más que corregir estas anormalidades y sancionar estos delitos, protegen a sus actores, y se han convertido en beneficiarios de los tributos que generan estos centros de perversión y explotación de menores y mujeres. (Ibíd. 218).

Respecto a la profundidad temática y epistémica, el presente texto conlleva limitaciones serias. Dentro de esto, mantener el concepto de prostitución, no se caracteriza por la profundidad académica, como tampoco por un aporte representativo. No obstante, es un esfuerzo que aborda la problemática del trabajo sexual durante algunas décadas, aspecto que lo distingue de otros aportes y que por ese motivo fue tomado para el estado del arte. Evidentemente, sobre la temática del trabajo sexual se ha producido con mayor rigurosidad.

[1]Es necesario clarificar que Paladines no está sosteniendo que los gobiernos social cristiano y social demócrata se sostengan en propuestas y programas idénticos, sino que no se lograron significativas transformaciones respecto a las problemáticas estructurales.

[2] Los autores citados definen los conceptos de la siguiente manera:

Pobreza.- privaciones de las personas u hogares en la satisfacción de sus necesidades básicas, en particular las necesidades materiales. Algunos enfoques, además de observar los resultados materiales de la pobreza, se refieren también a la ausencia de ciertas capacidades individuales y colectivas. Desde la perspectiva de los aspectos observables de la pobreza, los métodos principales de medición son dos: el método indirecto (o método del ingreso o consumo) y el método directo (o método de las necesidades básicas insatisfechas o de los indicadores sociales). (P: 72).

Extrema pobreza.- se define a partir de la presencia de dos o más necesidades básicas insatisfechas. (P: 77).

 

[3]El 70,45% son hombres y el 68,18% son mujeres. La diferencia, no obstante, no es significativa.

[4]Bladimir Chicaiza, regional de OIT.

[5] Esto las autoras lo sustenta sobre la base de los aportes de Boltanski; Chiapello 1999.

[6] Narrativa de una entrevistada: Norma, no se detalla su apellido ni edad.

[7]Con fecha 14 de octubre de 2004 se publicó en el R.O. No. 442 el Decreto Ejecutivo No.2166 que contiene las normas que regulan la tercerización laboral en el Ecuador. En los considerandos de su Decreto Ejecutivo, el Presidente de la República sostiene que los trabajadores tercerizados no se encontraban en igualdad de condiciones que los demás trabajadores, ya que fundamenta su Decreto en el Art. 23, numeral 3 de la Constitución Política, que declara la igualdad de las personas ante la Ley. Los demás considerandos del Decreto se refieren a la solidaridad patronal que nace de la Constitución Política y del Código del Trabajo y no aportan ni justifican su expedición. Decreto Ejecutivo emitido en el año 2004.

[8] Es interesante la connotación cultural de agregar el término de padrinazgo, que no fuera concebido con los grupos de Quito.

[9] Este es otro aporte distintivo de la investigación realizada en Guayaquil, lástima que las autoras no desarrollaron mayormente los contenidos 

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